Estado actual: Defragmentando…

Sinda Miranda

Sinda Miranda

Porque soy humana e imperfecta, me está costando mucho seguir sosteniendo una idea (incorpórea, etérea e irracional) que no es mía y que pesa energéticamente demasiado.

Imagino cómo me sentiría si la devuelvo a sus creadores.  La sensación que experimento se parece a una mezcla de dolor (por lo que sé que perderé) con sosiego (por todo lo que volverá a estar en su lugar).

Y cuando el resultado final es la paz, acepto la pérdida y el dolor. Acepto la soledad y la indignación que también me embargará; porque cualquier sentimiento que viva intensamente, será temporal, como el viento zonda que está soplando en estos momentos.

A la hora de decidir algo que solo tiene que ver con mi vida, vale más el amor que siento por mí misma que por los demás. Al fin y al cabo, se trata de mi vida, de mi camino, de mi destino. Si yo no me ocupo de ver lo que está sucediendo y solucionarlo, nadie lo hará por mí.

La PAZ es mi verdad. La PAZ es mi alimento. La PAZ es mi medicina. La PAZ es mi sendero eterno.

Sólo sé que soy feliz, cuando me siento en paz. Si me falta la paz, me faltan la luz, la alegría, la gratitud y el amor.

Por eso en este mismo momento decido cambiar mi realidad, modificar mi holograma cuántico y ejecutar a través de un pensamiento poderoso, el gran virus dhármico que se encargará de defragmentar, el disco duro donde corre el software con la historia que escribí antes de nacer…

Sinda Miranda

De vez en cuando, es muy bueno recordar cómo fue nuestra niñez

Sinda Miranda, a la edad de 5 años

Sinda Miranda, a la edad de 5 años

Regresar por breves momentos al pasado puede llegar a ser muy sanador.

Por eso elogio la misión de los psicoanalistas…

A medida en que transcurren los años, vamos bloqueando, anulando o escondiendo, en algún rincón de nuestro cerebro; las heridas que no se sanaron y los miedos que no hemos superado.

Y así como crecen las canas en nuestro cabello, crece también el volumen y el tamaño de los problemas no resueltos.

Hablar del pasado con la persona indicada, es sanador. Cuando digo “indicada” me refiero a “preparada mental y espiritualmente” para escucharnos. Hay que saber elegir a nuestro/a interlocutor/a. Sobre todo, cuando deseamos nada más, que nos escuche sin juzgarnos.

De vez en cuando, es muy bueno recordar cómo fue nuestra niñez.

¿Has visto la manera en que se ilumina el rostro, de aquellos que recuerdan los momentos más bellos de su infancia?

Así como es sanador recordar lo feo; recordar lo lindo, nos permite conectar con la fuente; regresar con el pensamiento al lugar de dónde venimos, al origen de todo; volver a re descubrir el camino que andamos y afirmarnos a él, con los pies bien apoyados sobre la tierra y los brazos extendidos hacia el cielo.

Qué personalidad teníamos cuando éramos niños/as?

Qué sueños dormían bajo nuestra almohada?

Con qué jugábamos?

Cómo elegíamos a nuestras amistades?

Qué cosas nos llamaban la atención?

Qué pensábamos cuando estábamos solito/as?

Cuál era nuestro rincón favorito de la casa en la que vivíamos?

Si teníamos una mascota, ¿cómo se llamaba y qué sentíamos cuando pasábamos tiempo con ella? 

Y cuando llegaba el momento del baño, cuál era nuestra relación con el agua?  

Cómo fue la primera vez que te cepillaste los dientes? Qué te dijeron para convencerte de que lo hagas? 

Éstas, son algunas de las preguntas que nos hacemos, cuando queremos recordar momentos felices de nuestra infancia.

Que tus recuerdos del pasado solo sirvan para tres cosas: sanar, avanzar y crear; con Paz, Amor, Alegría y Gratitud.

 

Sinda Miranda